viernes, 6 de junio de 2014

DECISIONES QUE MARCAN

Puestos a dilucidar el porqué de la posición que hoy ocupamos, cabe destacar que la verdad siempre reside en el interrogante. Después de mil lunas perdidas, no importa ya dedicar una madrugada más a buscar una razón ya conocida. Ahora mismo sólo sé que me arrepiento. El camino era demasiado digno para relegarlo a un triste plano secundario. Es deprimente sostener creencias violadas por el más absurdo de los prejuicios. Vivimos gran parte de la existencia sujetos a un dogma basado en la aceptación ajena. Hace un tiempo, lo entendía y lo compartía. Ayer era practicante de esta tendencia dañina. Hoy ya he abandonado esta religión, cuyo dios tiene por un harén un sinfín de carencias. Este comportamiento es propio de todo aquel en quien no han infundido el pensamiento de que el interior de uno mismo es suficientemente importante como para llenarlo de magulladuras, a base de un brutal maltrato existencial. Detesto culpar… No soy nadie para sentenciar a la ligera… Pero existen concretas ocasiones en las que es inevitable hacerlo. Me duele haber obedecido, dejando olvidado por el camino, ese salvaje interés bohemio encarcelado por sugestiones heredadas. Es aberrante ver cómo somos capaces de abusar de nosotros mismos, llevando por bandera el miedo infundado a actuar según nuestra propia intuición. Me entristece, profundamente, esa sumisión absurda que nos lleva a la forma más inútil de vivir separados de nuestra alma. ¿Qué más dará lo que digan? Qué violento resulta contemplar nuestras propias sensaciones dormidas… Todo proceder que no esté impregnado de nuestros principios, a la larga, trae consigo rabia interna. Somos nuestro mayor enemigo, y esa es la estrategia mejor planteada de nuestra parte más déspota. No somos capaces de convivir con nuestras propias necesidades… Las opiniones ajenas son más importantes, y eso nos hace vivir sostenidos a una paz interna insatisfecha. Pero todo esto acaba. Un día todo termina. La madurez se instala en nosotros, de la mano del sufrimiento, y nos trae a la memoria la meta olvidada de las emociones ahogadas. Es justo en ese momento cuando nos percatamos de que hemos profanado nuestro pecho, obedeciendo, inconscientemente, a la presión que tiránicos legados ejercen sobre nuestra vida. La independencia supuso para mí una tregua. Bajé las armas contra mí misma y, al verme sola ante la vida, pude escuchar cómo mi corazón gritaba. Fue en ese momento cuando entendí que había estado perdiendo el tiempo. Había algo dentro de mí que me empujaba a desatar los sentidos… A liberar el alma… Me presté atención, por primera vez en la vida, y me percaté de que en mí ardía una curiosidad imperante…  Un deseo callado… Sangre bombeando al ritmo de las artes. Me había fallado. Me había fallado a mí misma. Ese amor por la retórica, la música, la literatura, el arte, la historia y la danza, había quedado relegado al más tedioso olvido. Me había olvidado realmente de ello… Aunque no es de extrañar, porque somos, por naturaleza, una raza capaz de creerse sus propias mentiras. No puedo expresar lo que sentí… Es imposible darle forma a las explicaciones silenciadas que se esconden detrás de un suspiro. Había fallado a mis principios. Después de todas estas reflexiones, mis ojos fueron asaltados por un cruel ejército de lágrimas insaciables. Lloré, sí, lloré mucho, pero nada dura eternamente. Decidí apropiarme de mi vida. Hasta el momento, había vivido la existencia de otros, al gusto ajeno. Busqué una solución, y la encontré. No puedo explicar tampoco la satisfacción que produce seguir al propio corazón, que como me dijo una de las almas más fieles a mi vida, él era el único que jamás me fallaría. Ahora miro atrás y, es indigno ver la ferocidad con la que conseguimos latigarlo. A pesar de que nos mantiene vivos, es el peor tratado y el que menos caricias recibe.

Me largo. Me despido, desde aquí, de aquello que yo misma llamaba “mi vida”. Albergo dentro de mí una inconmensurable rabia por haberle dedicado mi tiempo a la opinión ajena, haciendo algo que yo no quería hacer. Aun así, sin rencores. Sólo yo tengo la culpa. Todo está en nuestras manos… La felicidad vive en nuestro propio placer, y éste, en contra de lo comúnmente creído, sólo puede ser logrado por nosotros mismos. No hablo de la terrenal satisfacción sexual, no… Los esquemas de lo mundano quedan fuera de esta explicación. Trato de ir mucho más allá, dejando lo perecedero a un lado. La complacencia del alma no puede satisfacerse con apéndices ajenos. Nadie puede hacerle el amor a nuestro espíritu. El clímax de la fidelidad propia reside, con todos mis respetos hacia los recatados, en una masturbación moral que no admite un gozo compartido. Somos nuestro mejor amante… De nosotros depende todo… Como me dijeron una vez: “Nadie lo hará por ti”. Actuar en contra de nuestros principios, con el único fin de silenciar opiniones, es la forma más sangrienta y despiadada de castigarnos. La voluntad propia debe ser escuchada, porque ésta vive atada a todo aquello que sugieren nuestras pasiones. ¿Hablamos de egoísmo? No, prefiero hacer uso de la sutileza gramatical y llamarlo individualismo.

¿Y ahora qué? ¿Abandonamos? No importa, la conciencia ya no existe. Hace tiempo que ya no la veo reflejada en los ojos de la gente. Al final del camino, ¿Qué son los remordimientos? Según mi bagaje existencial, y atendiendo a mi reconocida experiencia en eso de “sentirse mal”, no es más que un pesar reflexivo que obedece a la ética más escrupulosa para con otros. Pero, ¿Qué hay de nosotros? … Más importante es, a mi parecer, no fallarse a uno mismo. Al fin y al cabo, como dijo Sade, la conciencia no es la voz de la naturaleza, sino sólo la voz de los propios prejuicios.

El camino es nuestro, y de nuestras manos depende redactar una existencia digna de nosotros mismos. Solo tenemos una vida, y ésta es muy corta, o muy larga, según se mire. Como dije una vez, la vida es la fulana de la muerte. Ésta última amenaza constantemente, arrebatándonos motivos del vivir, con el único fin de recordarnos que a nosotros nos va a pasar lo mismo… Que ese es también nuestro inexorable destino. ¡El futuro está escrito!, dicen, los que se acobardan y se resignan a vivir con formalismos predeterminados. No lo comparto… Todo, absolutamente todo, depende de nosotros. Evidentemente, nadie nos librará de las garras de la nada… Nadie intercederá por nosotros entre nuestro último suspiro y la guadaña que, con un corte perfecto, dibujará un vacilante punto y final en nuestras vidas. Nadie… Pero mientras tanto, mientras nos queden fuerzas para andar, caminaremos en la dirección para la que hemos nacido… Manteniendo viva nuestra realidad, sin miedo a tener miedo y sin vivir hipotecando sonrisas.


Adiós Derecho. Me voy a vivir con mi vida.

6 comentarios:

  1. Esto es verte crecer.. pasito a pasito por el camino.
    Aquí estaré yo para recorrerlo contigo.
    <3

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  2. Estás hecha una artista!!!!!!! A por ella ;)

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  3. Todo es nuestra experiencia y el cuchillo en el lomo... Un abrazo.

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  4. Buenas noches Laura, sigues escribiendo genial.

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  5. Nada más satisfactorio que tomar decisiones valientes. Atrevidas. Audaces. Fuertes. ENhorabuena. La vida es un camino con mil ramificaciones y tenemos tooooodo el derecho del mundo de tomar la que nos plazca en cada momento de nuestra existencia. Y de volver a retomar uno abandonado. Y de caernos y levantarnos y de volar sobre nuestros propios miedos.

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  6. Sigo tu optimismo final. Hasta qué ya no arda.
    Salud!

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