miércoles, 24 de octubre de 2012

300.000.000 m/s

El tiempo es un desafío constante. Me reta a mi y al mismo tiempo también provoca a la luz, creyendo que puede viajar más rápido que ella... Lo peor, es que es cierto. Los instantes y las historias se aceleran y corren por la esfera del reloj vertiginosamente. A veces, me da miedo... Otras veces sonrío por tener el placer de, simplemente, vivir la vida.
Hay una máxima, que un estudioso del paso del tiempo y de los efectos de éste, sentenció:
"La vida no significa 'vivir', sino saber para qué se vive"
Nicolae Iorga (Historiador)

Sé perfectamente para qué estoy aquí. Lo mejor de todo es que todavía hay mucho por descubrir, y eso indica que todavía queda un valioso porvenir y una vida, para ser vivida, en el sentido pleno de la palabra.




Tengo los segundos en mis manos.
Aprovecharlos, viviendo hoy como si mañana no fuésemos a despertar.
Esa es la cuestión.



jueves, 4 de octubre de 2012

Recuerdos de Alaska

Vuelvo a colgar este texto que escribí hace unos meses, en honor a los elogios brindados hacia su retórica, por parte de una amiga. Me lo recordó y lo he buscado. Sigo sintiendo al pasear la vista por sus líneas. Espero que os guste.
Muchos besos.


Tal vez en el limbo, duerma todavía la sombra de tu sonrisa, esa que a día de hoy no puedo ver.  En un intento de elaborar un compendio descuidado de preudo-recuerdos empolvados, sufre titubeante la demora de lo que aun no fue.... Memorias no escritas en ninguna pared. La soledad se pasea hoy por el corazón entre gritos, mientras yo, discuto con la vida... Y cada cual, peleando con su bandera en una contienda de dos...  Yo, con la noche de testigo, bailo con el tiempo, con su velocidad intrínseca llevando por vestido... Huyendo de los deseos y matando por prejuicios... Siendo odiosamente masoca. Resuenan por aquí protuberantes latidos de impaciencia, en un tono cada vez más fuerte... Abro camino al andar, dañándome con la maleza solvente que osa emborracharme a base de crudos interrogantes. Todo lo que pienso, lo guarda bajo llave mi amigo el silencio. Como el día y la noche... Dos enamorados imposibles, que se persiguen mutuamente sin llegar nunca a encontrarse. Así somos. Dos vagabundos merodeando por la vida con la brújula atrofiada. Busco tu Norte... Sin saberlo, tú buscas mi Sur. Registro entre corazones con el pretexto de encontrar la serenidad norteña... Una viril medicina para la sinrazón que hoy sazona mis motivos. Tú buscas el dulce y cálido temperamento del Sur, sin saberlo... Y así estaremos, igual que el día y la noche... Sin encontrarnos. Viajemos a Alaska y allí, sin dormir, desde la barra de un bar desierto, contemplemos la aurora boreal, ese fenómeno en el que la noche y el día se hacen el amor, desprendiendo destellos de una pasión recluida... Tal vez allí, nosotros también seamos compatibles.
Mi corazón me habla de ti constantemente... Charlamos y de vez en cuando, me cuenta historias de mitades, de whisky escocés compartido, de amor desmedido, de culminaciones, de pasiones, de miradas rasgadas, de voces entrecortadas, de sábanas mojadas, de lágrimas ebrias de locura, de manos entrelazadas, de sueños por cumplir... Suelo tomarme un café con él mientras me cuenta todo eso... A menudo coincidimos en los deseos... Vivimos juntos en el mismo cuerpo. Él quiere que lo puebles... Mi piel pide a gritos tu epidermis... Y yo, te quiero a tí.
No es verdad que el tiempo se esté acabando... Queda mucho whisky por derramar, mucho humo que exhalar en conversaciones acompañadas de cigarrillos con sabor a grandes planes... Pero ven. Quiero protegerte de este frío, similar al gélido ambiente de Alaska, lugar al que iremos y desde una habitación de mala muerte, le daremos sinfonía a la aurora... Mi piel con tu epidermis. Latido contra latido. Pasión, por recluirte y vivirte... Sentirte. Brújula rota. Caminos separados. Háblame, querido Tiempo, y dime si es verdad que pones cada cosa en su lugar. Me debes a alguien. Me debes unos ojos, unas manos y una voz. No tardes en cumplir con tu palabra.