miércoles, 20 de junio de 2012

Un homenaje a mis días sin sol.

La tormenta de verano de hace un par de días, me invita a volver a colgar este texto, redactado en una tarde nublada del pasado noviembre. Hoy, es uno de esos días en los que echo de menos el frío.


Adoro los días de lluvia... Confío en que mañana llueva. Me encanta despertarme por la mañana y, en el silencio de la oscuridad de la habitación, escuchar que fuera está lloviendo. Es una concepción complicada, enigmática, prácticamente incomprensible... El gesto común a todas las personas los días de lluvia suele ser adusto, desapacible, frío... Igual que el gélido ambiente que les envuelve... Es inexplicable, pero a título personal, me deleitan esos días. Puede que sea así porque no todo es descaradamente luminoso... El exceso de luz, impide en ocasiones, poder ver. No consigo comprenderlo, pero me encantan. Salir a la calle, abrir el paraguas y echar a andar, escuchando las palabras de la lluvia, deslizándome por un pavimento húmedo... Un lienzo mojado... Un mundo en decadencia. Me sorprende ver cómo este colectivo velocista llamado humanidad, pasa por la vida con tal rapidez que apenas roza el suelo... Sin dejar huella. Los días de lluvia, esto, se evidencia más que nunca. Son esas mañanas, en las que me encierro en la atmósfera que se crea bajo mi paraguas y tan solo veo mis pies abriéndose paso entre la cortina de agua; sin mostrar el rostro; sin que nadie me vea... Pensando y divagando entre lucubrantes y exultantes pensamientos bohemios... En mi mundo. Un mundo incoherente, pero al mismo tiempo más lógico que ningún otro. Y de esto, nadie se percata. En innumerables ocasiones, quien más interioriza y quien alumbra un sentimiento inerte, es aquel que más intensamente vive... Aquel que más profundamente siente. Pero nadie es capaz de darse cuenta... O quizá, solo lo advierte un número reducido de personas. Aquellos que, simplemente, nos quieren. Y son esos días de lluvia, los que me incitan a pensar con más exaltación y con más pasión que nunca... Y los que me invitan a hablar menos... A convertir las vocablos en sensaciones internas que culminen en pensamientos únicos... En sentencias propias. Son esos días en los que mi mente viaja a la velocidad de la luz, pero al mismo tiempo, repara en cada detalle de la vida, sintiendo cada actitud estrechamente... Notando el trastorno humano a la perfección... Desvariando... Y componiendo, con ello, mis propias máximas... Y con esas máximas y aforismos propios, intentado comprender la vida... Y es que me encanta mojarme, algo que tampoco entiendo, pero siempre cierro el paraguas unos metros antes de llegar al portal... Del mismo modo, que si llueve, siempre se me moja la habitación. Nunca veo llover a través de los cristales. Tengo que abrir la ventana. Si no lo oigo, no ocurre... Si no lo siento, no es nada. Sentir... Ese es el pilar fundamental que nos sustenta... El sentir físico y el sentir interno... Poder querer...Tener la capacidad de amar....Tener miedo... Poder llorar como producto de una inconmensurable rabia albergada durante un tiempo... Notar como los nervios se apoderan de cada rincón de nuestra piel, hasta dejarnos sin respiración... Sentir, y escuchar las palabras de la lluvia, me reconforta... Me alienta... Me calma. Siempre suelo sacar la mano por la ventana y dejo que las gotas de lluvia, vengan de donde vengan, desde miles de kilómetros de aquí, impacten sobre ella, y se me acumulen en la palma de la mano... Y sentir, que en esos momentos, tengo un pedacito de cielo... Unas lágrimas del sol, que llora porque aquí abajo, los días nublados, hay alguien feliz sin su presencia... Unas gotas de lluvia...Unas gotas de vida. Y siempre me pregunto si esas gotas que retengo en mis manos, fueron las gotas que el cielo dejó caer aquellos meses de noviembre en la infancia... O si serán las mismas que mojen los rostros de esas pequeñas vidas que yo misma alumbre en un futuro... Y me pregunto si ellos harán lo mismo... Me cuestiono, constantemente, si serán tan puramente utópicos e idealistas como para hacer honor a la genética y ser capaces de plantearse estas románticas tesituras de ensoñación... No lo sé... Pero francamente, quiero que así sea.
Adoro los días de lluvia...Confío en que mañana llueva.


Invierno, esa temporada en la que el estar piel contra piel, es el mejor método para combatir el frío. 
Calor humano. Método paliativo.


12 comentarios:

  1. He estado leyendo tus últimas entradas. Eres directa y pasional expresando tus sentimientos.
    Seguiré tus entradas.
    Un abrazo.
    Mercedes.

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  2. C0mo nací en noviembre, como tu admiro la lluvia , junto con el mar y la luna y ..la mujer , forma parte de mis musas. Tengo la suerte que aquí en Coruña "de vez en cuando llueve"
    El discurrir de las gotas por los cristales , me hechiza.
    ¡Que hermosa pasión llevas dentro ! solo te falta querer abrazar el aire! y pintar tu bendita lluvia de colores y vivir intensamente.
    ¡Que bien lo has contado!
    Besos.

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  3. Algo trae la lluvia, algo que no sé si alguna vez podremos descifrar...

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  4. Adoro la lluvia, los chaparrones, las tormentas...
    Estaría horas observando como se desploma el cielo.

    Besos.

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  5. Que preciosidad de texto... ayer estuvo todo el día lloviendo... fue fantástico...
    fue el único día que no me dolió la cabeza por la tarde jajaja (siento el rollo)

    Nací un día de lluvia, y será siempre mi preferido... me da calma.
    Antes escribía mucho sobre la lluvia...

    Besos abisales

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  6. Eres una delicia narrando Paula, y has tocado un tema que....me fascina, la lluvia me transforma, me encanta sentirla en mi cara, piel, cuerpo, oirla en el campo, en el mar, desde casa, comtemplarla como lo cubre todo a su libre albeldrío,, olerla sobre la tierra, plantas....me deja una suave y a la vez euforica sensación placentera...¡lástima que cada vez podamos disfrutar menos de sus encantos, al menos por aquí...por el sur....eres un cielo (cubierto de nubes) jejeje un beso preciosa.

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  7. waoooooo, perdona el lapsus, con el tema de la lluvia me ido por los cerros de úbeda...te he llamado Paula...y eres LAURA...lo siento, no volverá a ocurrir. otro beso doble, por el fallo.

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  8. Hola LAURA, pues ya estoy aquí para darte las gracias por tu visita soleada a mi casa:-)

    No, lo siento, yo soy enemiga acérrima de la lluvia, por una razón, aquí ... pasamos meses y meses bajo ella, la abundacia de algo mata la magia y el encanto de casi todo. Supongo que si viviera en el desierto odiaría el sol. En lo que tienes razón... toooda además es que lo único importante en este vida es la capacidad de sentir de la gente, da igual si es bajo la lluvia o el sol... sentir la vida y vivirla lo más que se pueda, hace que la lluvia brille y sea transparente y el sol fresco ;-)


    Un beso

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  9. Los iones de la lluvia son mágicos!

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  10. te ssguire en los días que llueva.
    saludos.

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  11. wuauuuu...me ha encantado encontrarte...además de ser tocayas, a mi también me fascina Sentir, y cómo tú bien dices, la lluvia son las lágrimas del sol. Me parece sublime la forma que tienes de expresarte, me has encandilado con tus letras y tu sentir, que hago mío!

    Un beso, voy a recrearme por aquí!!

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