domingo, 24 de junio de 2012

Pendiente de un hilo


Salgamos ahí fuera y tirémosle piedras a la luna, a ver si con suerte nos cae y la guardamos en la caja de galletas que hay encima del sofá. Guárdala. Dejaremos la noche a oscuras y todos creerán no estar viviendo. Excepto nosotros. Una vez la guarde, cerraré la caja, me sentaré encima y te comeré a besos como si mañana no fuésemos a despertar. A oscuras...Dibujaré ansiosamente con mis dedos la silueta de tu vigoroso y recio cuerpo. Te acariciaré el pelo y poco a poco, esos dulces roces se convertirán en feroces tirones impulsivos, propios de una justificada perturbación. La perturbación por tenerte delante...Me abalanzaré sobre ti y te susurraré al oído esas palabras que me dedicabas los viernes de madrugada. Te las recordaré y sin prejuicios ni reparos, nos envolveremos en una atmósfera jadeante, ultrajando el respeto a nuestros propios cuerpos y haciendo sudar a las pardes... Las gotas de sudor se deslizarán por el crital del marco de fotos de tus tíos de Jaén y morirán ahogadas las caléndulas del salón. Beberemos daiquiris de La Habanna, Absenta o Whisky escocés, sin obedecer a la abstemia programada en cada fin de año. Temblará todo y el cristal de la entrada se resquebrajará, colisionando contra el suelo al mismo tiempo que un sollozo varonil se apoderará del eco de toda la casa. Todos nos oirán, pero nadie será capaz de vernos...La luna estará en la caja... La noche estará a oscuras... La vida seguirá pasando ...y yo, seguiré con el deseo de no querer estar jamás a más de tres centímetros de ti, maniatándote y recluyéndote por siempre entre mis piernas, mientras me sujetas con fuerza el rostro y me recuerdas que aunque capturemos la luna y creemos la oscuridad, solo cuando tu luz interior se apague, deje de sonar el 'tic-tac' del reloj y abandones este mundo, te separarás de mí. Hasta ese momento, con la luna recluída, seguiré amándote a oscuras, bajo las sábanas, todas las tardes de mi vida.

A veces, las virtudes propias quedan relegadas a un grotesco marco secundario, haciendo que reine el vacío propiamente dicho dentro de uno mismo. Hoy, mis ademanes, hacen honor a un odioso círculo vicioso agravado... El tedio me define y el abominable sentimiento de añorar momentos expatria toda actitud sensible. Vacío absurdo, estremecedor, dantesco... Eco candente. Todo queda en papel mojado.

7 comentarios:

  1. Poner las cosas en orden; una reflexión espesa, ahondada, con la cotidaneidad de los detalles.

    ¡Un abrazo!

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  2. Nooooooooooo, que no te defina el tedio, sino esas noches que no aceptan 3 centímetros de distancia!!!

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  3. Es que los momentos de magia no se olvidan... y hacen del resto la vulgaridad... así es nuestra mente y debemos acompañarnos de ella ;)

    Besos abisales

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  4. Sabes que me encanta este texto, disfruto con el cada vez que lo leo...

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  5. Son momentos. Después, pasan y vuelve a reinar la plenitud. Los humanos somos así: cíclicos como las estaciones, como el día y la noche. Y el amor es el premio de la vida, quizá el único y más verdadero. Bueno, junto con la amistad.
    Un abrazo, Laura.

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  6. Créeme: la luna es una gran aliada. No te prives de su compañía.

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