viernes, 18 de mayo de 2012

Recopilando


Mi habitual visión odiosamente atildada me empuja a recordar ... A recordar canciones para el dolor y la nostalgia, conversaciones profundamente intensas y de contenido violentamente penetrante para el corazón... A recordar abrazos temblorosos y voces entrecortadas... Las penas flotando en el café... Nuestros viajes improvisados en autobús y zapatillas... La falta de pena y la ausencia de gloria... Las lágrimas que brutalmente impactaron en nuestro pecho rompiendo el vacío y el eco del silencio... Esas lágrimas que solo yo escuché. Las carcajadas faltas de aire y las miradas incandescentemente eternas... Las noches de vigilia velando por su sueño alterado... La sangría y las sandeces cometidas por ella... La playa... Las olas... Los suspiros del sol. El mar alicantino a las cinco de la mañana... Las noches interminables. Las cartas... Los silencios. Las pausas necesarias. Las despedidas... Las miradas al cielo. Esa estrella única que, vacilante, flota en el firmamento. Las flores. La pasión recluida... Las sorpresas. Los lascivos piropos concupiscentes... La fogosidad. El miedo. La retórica... Las fotografías. Las casualidades... Las señales de un destino incierto... El hecho de desnudar dudas. Su melena rizada... La amistad... Sus zapatos de ballet. Sus dibujos colgados en mi pared. El amor de niño pequeño... El cariño de un hermano. El erotismo tatuado en el talante. La joven sublevación potencial de la líbido... Los besos. La inquietante sedición hormonal propia de una tierna juventud. La sinrazón. Las ganas de gritar. Los detalles. La excelencia constante y perseguida.  El verano... El madrugar del sol... Mi colección de amaneceres. Los momentos estrella grabados a fuego en mis retinas. Los deseos... Los sueños... El amor.





A la izquierda, dos autoras de mis mejores momentos. Dos grandes amistades.

Tic. tac


2 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. Bonita edulcoración de los sinceros trazos de la amistad. ¿Existe un artículo -aunque sea decretado- en el código penal que prohiba el uso excesivo de los puntos suspensivos? Pues debería. Fíjate que los puntos suspensivos ocupan mucho y no dicen nada. En realidad, es mucho más preferible un etcétera con todas sus letras que tres dubitativos puntos suspensivos. Aunque como dijo Sabina:

    "Lo peor del amor es cuando pasa, cuando al punto final de los finales no le quedan dos puntos suspensivos."

    Una freda o cordial salutació.

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