jueves, 26 de enero de 2012

Metáforas...

...y esta es nuestra actual posición... Nos encontramos en el punto y aparte de un poema gris y ficticio... Fingido... Adulterado. Los versos recitados hasta hoy carecen de exactitud y la melodía de la voz dista de ser armoniosa y arpada... Más bien es disonante...Desleal a los llantos y peticiones del corazón. Las inmerecidas magulladuras de este último florecen por momentos y perecen en mi actitud, creando un pertinaz sentimiento jodidamente tedioso. Pero haciendo uso de una caleidoscópica visión favorable al corazón, enfocaré el punto y aparte, otorgándole un llamativo primer plano... Es decisivo. Importante. Es trascendente... Es el justo momento. A partir del punto, la contienda abandonada retoma las armas y se arroja al campo de batalla, para lidiar por el resentido pedazo de cielo que quedó relegado en el cajón de los recuerdos empolvados. Un simple memoria alusiva a la propia felicidad. Sin prisa avanzaremos, y la nube de polvo que levantarán nuestras botas al andar con pasos firmes, no será suficiente para entorpecer el cometido. Puede que nuestras estrategias sean míseras y exiguas, alejadas de admirables pericias intelectualmente militaristas... Pero la cruda realidad de la pasión moverá murallas y del interior del ser surgirán fuerzas desmesuradas para sostener el acero de la espada, con el fin de abrirse paso entre la hostil e ingrata espesura que un día nos abatió.
No abandonaremos nuestra posición, aunque tengamos que protegerla con nuestra vida... Al fin y al cabo, es por esta última y por su felicidad por la que vamos a batallar. Me pesa el escudo, las botas me dañan los pies y la armadura me viene grande... Pero no importa, son detalles banales.
Una gota de sudor recorre suavemente el lado derecho de mi cara... No sé si es miedo o es el preludio de un doloroso y apesadumbrado mar de lágrimas. No lo sé. Pero tengo miedo. Mucho miedo. Hace frío y la vida poco a poco nos deja solos ante el peligro... Se oye el eco... El eco del silencio... La respiración se acelera mientras enfundo la espada. Ya no hay vuelta atrás.
Mirad al frente... Observad cómo el madrugador se posa suavemente sobre el horizonte...Esa línea tangente al borde de la Tierra. Allí está nuestro objetivo... Muy lejos... Pero movidos por una predilección insaciable llegaremos y conquistaremos tierras forasteras... Ese suelo, un día, llevará nuestro nombre y venciendo en esta lucha seremos dignos de él. Apartad, apocados pusilánimes. Vais a caer. Pelearemos sin piedad y, con el tiempo en contra nuestra, os relegaremos a la infausta altura del suelo y piedra a piedra destruiremos esa terca y firme muralla.
No nos rendiremos. La contienda continúa. Al fin y al cabo la batalla estaba empezada ¿Quién nos mandó abandonar? Sí, la fatídica voluntad de un destino incierto... Pero hemos vuelto. Ya podéis empezar a temblar.

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