miércoles, 14 de diciembre de 2011



Observo, por las mañanas, un camino benevolente acariciado por el dulce roce de las hojas secas y el sol, ámbar y madrugador, posado justo sobre la línea tangente al borde de la tierra, tomando conciencia plena de ello. Dale una patada al reloj... Hoy la vida propiamente dicha ya no existe. En silencio observo el mundo, pero él no me observa a mi. Un estudio detallado y minucioso, y una prudente disquisición sin fundamento ecuánime me brindan una visión colectiva en detrimento... Y aún así, mis deseos vuelan con la laxitud de la brisa. Demorarse y quedar prendado en los brazos de Morfeo es el deporte estrella últimamente. No encuentro argumentos taxativos para esto, a pesar de mi estado de observación constante y mi sometimiento continuo a la captación de hipotéticas y eventuales señales de un destino remoto e incierto. No tengo nada que ofrecer, pero sí mucho que dar... Lo primero, y a tenor de esto, una contradicción uniforme materializada en un amor encerrado, prisionero, preso, esclavo... Esclavo de un prejuicio justiciero y de  un gusto terrible por hacer honor a la desagradable y odiosa pérdida de tiempo. Un tiempo dulce y fugaz... Consumible. Un tiempo que nunca vuelve...
Adelanta las varillas del reloj... Ya me empieza a costar.









2 comentarios:

  1. Aunque el tiempo pase, las personas perseveran...
    Consiguiendo algo impuesto desde el principio de un objetivo.

    Te quiero muchísimo.

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  2. Si crees totalmente en ti mismo, no habrá nada que esté fuera de tus posibilidades. -Wayne W. Dyer


    Yo creo en ti, ahora es tu turno...

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