sábado, 31 de diciembre de 2011

Últimas líneas.

A modo de retórico épilogo anual concluyente, me dispongo, en esta fría madrugada del treinta de dicimebre de este año acabado en once, a hacer una ingenua recopilación de recuerdos poseedores de un sentimiento candente y exasperante. Mañana por la noche, subiré en esos nuevos y vertiginosos zapatos negros y, me disfrazaré de eventual aristócrata con ese lindo vestido turquesa, corsé del cual me refrena la respiración. Aun así, no importa... La noche de fin de año, por antonomasia es mágica, aunque enfocando el asunto desde un punto de vista escéptico, tan solo es una noche plagada de supersticiones y creencias fetichistas. Hay que admtirlo... De todos modos, mi rumbo vital dista de ser realista, por suerte, o tal vez por infausta desgracia...Pero me gusta ser idealista y nadar en un constante lago de supuestos de ilusa ensoñación... Me gusta...Me encanta... No incluiré esta concepción axiológica en la famosa lista de deseos y proposiciones que el colectivo redacta atropelladamente unas horas antes de que el año se pierda en la inmensidad del limbo del tiempo. Son listas hipócritas, destinadas a ser profanadas por la vida. Y no, el año nuevo, no brinda una vida nueva. Después de comerse esas doce uvas, seguimos siendo nosotros mismos... Entes con los mismos defectos que un minuto antes de que las varillas del reloj, con una reverencia cronológica,  dieran paso al primer día de enero.
Dejando de lado esta impertinente postura de pseudoescéptica, diré que siempre he considerado la noche de fin de año, como un trascendente y solemne acontecimiento... Es extraño, pero es el único momento del año en el que el pulso se me acelera descontroladamente al mirar un reloj... No me refiero solamente al instante en el que el profundo sonido del carillón se escucha desde la Puerta del Sol... Hablo de los cinco minutos anteriores al clímax de la noche. Suelo ponerme muy nerviosa... Y acostumbro también a no hablar. Es un momento especial, único, particular... Un segundo en el que, arbitrariamente, hago instrospección desde que mi mente comenzó a darle valor a la vida y a su raíl, el tiempo. Un momento digno de compartir...De compartir conmigo misma. Como siempre, y como es habitual en mi, me olvido del mundo y me detengo a pensar en la oscura, estremecedora y maníaca inmensidad del ser, además de valorar, a modo de recapitulación improvisada, mi último año de estancia en esta vida. Es impactante, el cúmulo de sensaciones que se agolpan todas las últimas noches del año a la entrada de mi corazón... Me hace sentir bien. Aun así, en esos momentos, me inquieta la velocidad con la que el segundero se desliza por la esfera del reloj, sin ser consciente de que él, tan laxo, débil e inerte, decide nuestro destino. Sí, nuestro destino, porque al fin y al cabo el sino no es más que puro tiempo y cuando este último exégeta decida detenerse eternamente, nuestra mirada se despedirá del mundo... Increíble. No quisiera ser segundero... Es ingrata su responsabilidad.
Mi habitual visión desprejuiciada me empuja a recordar ... A recordar canciones, conversaciones profundamente intensas y de contenido violentamente penetrante para el corazón... A recordar abrazos temblorosos y voces entrecortadas... Las penas flotando en el café... Nuestros viajes improvisados en autobús y zapatillas... La falta de pena y la ausencia de gloria... Las lágrimas que brutalmente impactaron en nuestro pecho rompiendo el vacío y el eco del silencio... Esas lágrimas que solo yo escuché. Las carcajadas faltas de aire y las miradas incandescentemente eternas... Las noches de vigiia velando por su sueño... La sangría y las sandeces cometidas por ella... La playa... Las olas... Los suspiros del sol. El mar alicantino a las cinco de la mañana... Las noches interminables. Las cartas... Los silencios. Las pausas necesarias. Las despedidas... Las miradas al cielo. Esa estrella única que, vacilante, flota en el firmamento. Las flores. La pasión recluida... Las sorpresas. Los lascivos piropos concupiscentes... La fogosidad. El miedo. La retórica... Las fotografías. Las casualidades... Las señales de un destino incierto... El hecho de desnudar dudas. Su melena rizada. Sus zapatos de ballet. Sus dibujos colgados en mi pared. El amor de niño pequeño... El cariño de un hermano. El erotismo tatuado en el talante. La joven sublevación potencial de la líbido... Los besos. La inquietante sedición hormonal propia de una tierna juventud. La sinrazón. Los detalles. La excelencia constante y perseguida.  El verano... El madrugar del sol... Los momentos estrella grabados a fuego en mis retinas. Los deseos... Los sueños... El amor.
Desde las últimas uvas, la vida ha cambiado. Yo no soy la que era y el verbo “ser” ha perdido todo su significado para mí, aunque el verbo “amar” ha triplicado su valor. Aun así, por definición y por esencia, sigo siendo la misma, solo que llevo en las manos pequeños nuevos matices... Pinceladas de pintura desconocida... Sentimientos inéditos. Ese compendio de recuerdos redactados me mantiene viva y me da nombre hoy.
El mundo seguirá siendo mundo mañana, aunque la vida propiamente dicha ya no existe. Llegamos a este mundo con una única propiedad: Un papel blanco... Un papel donde dejaremos escrita nuestra vida, sin percatarnos, antes de marchar... Porque llegará el día en que el segundero frenará repentinamente, en seco, y en nuestro reloj interno dejarán de correr las horas, para relegarnos a un infinito sin fondo aparente. Pero eso, hoy y ahora, es intrascendente. Personalmente me encargaré de redactar las líneas de mi blanco papel lo mejor que pueda... Al fin y al cabo solo visitamos el mundo una vez. Una vez en la vida...En la única vida que nos brinda el firmamento. Y si es cierto que, una vez reine en nosotros la infinita oscuridad, brillaremos en el cielo junto a las demás estrellas,  yo quiero ser cometa, con el pretexto de nunca dejar de correr y, convertida en viento volar a toda velocidad alrededor de la luna para poder contemplar el alba que alumbra cada madrugada.
Nada vuelve. Disfrutad de la vida.



martes, 20 de diciembre de 2011

Papel mojado

A veces, las virtudes propias quedan relegadas a un grotesco marco secundario, haciendo que reine el vacío propiamente dicho dentro de uno mismo. Hoy, mis ademanes, hacen honor a un odioso círculo vicioso agravado... El tedio me define y el abominable sentimiento de añorar pseudo-momentos expatria toda actitud sensible. Vacío absurdo, estremecedor, dantesco... Eco candente. Todo queda en papel mojado.
No tengo ganas de hablar.

lunes, 19 de diciembre de 2011

A









Quiero ver esto, desde el otro lado del objetivo, tomar esta foto y guardarla en el álbum de mi vida.




miércoles, 14 de diciembre de 2011



Observo, por las mañanas, un camino benevolente acariciado por el dulce roce de las hojas secas y el sol, ámbar y madrugador, posado justo sobre la línea tangente al borde de la tierra, tomando conciencia plena de ello. Dale una patada al reloj... Hoy la vida propiamente dicha ya no existe. En silencio observo el mundo, pero él no me observa a mi. Un estudio detallado y minucioso, y una prudente disquisición sin fundamento ecuánime me brindan una visión colectiva en detrimento... Y aún así, mis deseos vuelan con la laxitud de la brisa. Demorarse y quedar prendado en los brazos de Morfeo es el deporte estrella últimamente. No encuentro argumentos taxativos para esto, a pesar de mi estado de observación constante y mi sometimiento continuo a la captación de hipotéticas y eventuales señales de un destino remoto e incierto. No tengo nada que ofrecer, pero sí mucho que dar... Lo primero, y a tenor de esto, una contradicción uniforme materializada en un amor encerrado, prisionero, preso, esclavo... Esclavo de un prejuicio justiciero y de  un gusto terrible por hacer honor a la desagradable y odiosa pérdida de tiempo. Un tiempo dulce y fugaz... Consumible. Un tiempo que nunca vuelve...
Adelanta las varillas del reloj... Ya me empieza a costar.









martes, 13 de diciembre de 2011

Gracias por recordarme que este es mi lugar. Esta noche brindaré con mi conciencia.


Bien hecho... ¡Felicidades!

miércoles, 7 de diciembre de 2011

martes, 6 de diciembre de 2011

Navidad judicial

Entre montones de conceptos jurídicos, hoy, día de la Constitución Española (estupendo para estudiar Derecho Constitucional I, por cierto) me enfrento a lidiar contra considerables cantidades de folios y contundentes manuales de Derecho, para hacer honor a aquellos cuatro preceptos que escuché una vez: Tradición, honor, disciplina y excelencia... No sé hasta qué punto pueden llevarse a cabo todos a la vez, ni tampoco si se podrá lograr la excelencia universitaria llevando la disciplina en volandas, basando dicha disciplina en ir de un lado a otro de la habitación y terminar estudiando en la postura más rebuscada e incómoda del mundo. Son los primeros exámenes de la facultad... Teoría del Derecho será el primer asalto... Luego, días después, llegará pisando fuerte el temido y vetusto Derecho Romano, dando paso al hoy memorable Derecho Constitucional y a Habilidades Jurídicas. La ansiedad culminará con la inquietante Economía Política, aunque, si se me permite la franqueza, no sé si saldremos vivos de ella. Aun así, positivismo. Estamos hechos para lograrlo y hace 18 primaveras nacimos para esto. Tan solo un cometido: Ser excelentes juristas. No importa si seremos abogados, jueces, fiscales... No importa. Son pensamientos lejanos... Pensamientos muy distantes...Prácticamente remotos. Suena la campana...El primer asalto está cerca.
Bienvenida, primera blanca Navidad "judicial".





lunes, 5 de diciembre de 2011

1995


Maravillosa niñez, nostalgia del ayer.