jueves, 10 de noviembre de 2011

Los días de lluvia.

Adoro los días de lluvia... Confío en que mañana llueva. Me encanta despertarme por la mañana y, en el silencio de la oscuridad de la habitación, escuchar que fuera está lloviendo. Es una concepción complicada, enigmática, prácticamente incomprensible... El gesto común a todas las personas los días de lluvia suele ser adusto, desapacible, frío... Igual que el gélido ambiente que les envuelve... Es inexplicable, pero a título personal, me deleitan esos días. Puede que sea así porque no todo es descaradamente luminoso... El exceso de luz, impide en ocasiones, poder ver. No consigo comprenderlo, pero me encantan. Salir a la calle, abrir el paraguas y echar a andar, escuchando las palabras de la lluvia, deslizándome por un pavimento húmedo... Un lienzo mojado... Un mundo en decadencia. Me sorprende ver cómo este colectivo velocista llamado humanidad, pasa por la vida con tal rapidez que apenas roza el suelo... Sin dejar huella.  Los días de lluvia, esto, se evidencia más que nunca. Son esas mañanas, en las que me encierro en la atmósfera que se crea bajo mi paraguas y tan solo veo mis pies abriéndose paso entre la cortina de agua... Sin mostrar el rostro... Sin que nadie me vea... Pensando y divagando entre lucubrantes y exultantes pensamientos bohemios... En mi mundo... Un mundo incoherente, pero al mismo tiempo más lógico que ningún otro. Y de esto, nadie se percata. En innumerables ocasiones, quien más interioriza y quien alumbra un sentimiento inerte, es aquel que más intensamente vive... Aquel que más profundamente siente. Pero nadie es capaz de darse cuenta... O quizá, solo lo advierte un número reducido de personas. Aquellos que, simplemente, nos quieren. Y son esos días de lluvia, los que me incitan a pensar con más exaltación y con más pasión que nunca... Y los que me invitan a hablar menos... A convertir las vocablos en sensaciones internas que culminen en pensamientos únicos... En sentencias propias. Son esos días en los que mi mente viaja a la velocidad de la luz, pero al mismo tiempo, repara en cada detalle de la vida, sintiendo cada actitud estrechamente... Notando el trastorno humano a la perfección... Desvariando... Y componiendo, con ello, mis propias máximas... Y con esas máximas y aforismos propios, intentado comprender la vida... Y es que me encanta mojarme, algo que tampoco entiendo, pero siempre cierro el paraguas unos metros antes de llegar al portal... Del mismo modo, que si llueve, siempre se me moja la habitación. Nunca veo llover a través de los cristales. Tengo que abrir la ventana. Si no lo oigo, no ocurre... Si no lo siento, no es nada. Sentir... Ese es el pilar fundamental que nos sustenta... El sentir físico y el sentir interno... Poder querer...Tener la capacidad de amar....Tener miedo... Poder llorar como producto de una inconmensurable rabia albergada durante un tiempo... Notar como los nervios se apoderan de cada rincón de nuestra piel, hasta dejarnos sin respiración... Sentir, y escuchar las palabras de la lluvia, me reconforta... Me alienta... Me calma. Siempre suelo sacar la mano por la ventana y dejo que las gotas de lluvia, vengan de donde vengan, desde miles de kilómetros de aquí, impacten sobre ella, y se me acumulen en la palma de la mano... Y sentir, que en esos momentos, tengo un pedacito de cielo... Unas lágrimas del sol, que llora porque aquí abajo, los días nublados, hay alguien feliz sin su presencia... Unas gotas de lluvia...Unas gotas de vida. Y siempre me pregunto si esas gotas que retengo en mis manos, fueron las gotas que el cielo dejó caer aquellos meses de noviembre en la infancia... O si serán las mismas que mojen los rostros de esas pequeñas vidas que yo misma alumbre en un futuro... Y me pregunto si ellos harán lo mismo... Me cuestiono, constantemente, si serán tan puramente utópicos e idealistas como para hacer honor a la genética y ser capaces de plantearse estas románticas tesituras de ensoñación... No lo sé... Pero francamente, quiero que así sea.
Adoro los días de lluvia...Confío en que mañana llueva.

2 comentarios:

  1. Tu cabeza...un mundo a parte.
    Tu corazón...un universo inalcanzable.
    La próxima lluvia quiero verla caer a tu lado.

    Te quiero. (L)

    ResponderEliminar
  2. ¡qué cosa más bonita! por supuesto que me ha gustado :D
    (yo también hago eso de sacar la mano y dejar que las gotas discurran sobre ella, pero sobre todo me encanta ver llover desde mi habitación, cuando las gotas hacen ese murmullo que te cala los huesos)

    ResponderEliminar

¡Gracias tu aportación!