lunes, 21 de noviembre de 2011

Demora.

Cae a plomo en la profunda, oscura y maníaca inmensidad del ser...De repente, todo se convierte en frenéticas palabras rotas y en sentimientos desquebrajados albergados en un corazón descosido. Si pudiera escapar de mi misma y por un momento observarme desde fuera, me daría varios consejos, acompañados de una cálida caricia de domingo. Hoy, francamente, prefiero escuchar canciones que no versen sobre el corazón, por mucho que me guste fantasear idealizando tesituras que, por ahora, no son más que pseudomomentos. Es curioso, pero la estúpida condición de los terrestres impide ser coherente en ocasiones, e imposibilita el hecho de hilvanar pensamientos razonables para actuar de manera suficientemente racional. No sé dónde estarás ahora mismo, pero desde aquí, aunque no te imagines cuánto vales y tu intelecto no sea capaz de medir la dimensión de este sentimiento, te pido que no prolongues la demora. No duele, pero roza... Quema. El eco en medio de la inmensidad del negro silencio asusta... El gélido ambiente sin esos brazos agota, y me hace flaquear... La vida, sin ácidos besos con sabor a limón, me estremece. La carencia de sueños me angustia... La falta, me inquieta.
Quiero burlarme de la vida y gritar bajo la lluvia... Mojarme...Quiero mojarme... Contigo. Salir corriendo y saltar sobre un charco... Mancharme...Quiero mancharme... Pero, cogida de tu mano. Mirar las estrellas y sonreír... Sonreírte, quiero sonreírte, diciéndote al oído que llueve porque las nubes lloran de risa, debido a que les haces cosquillas con las pestañas... Quiero amarrarme a ti y, sin dejar de mirarte, decirte en silencio y sin palabras, que quiero escaparme contigo al fin del mundo y que de manera involuntaria volví locos a muchos hombres, pero yo, hasta el resto de mis días, seguiré loca solamente por uno. La demora cae a plomo en la profunda, oscura y maníaca inmensidad del ser... Vamos, no tardes tanto.




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