sábado, 15 de octubre de 2011

En tela de juicio.

Crucé el dintel de la puerta, dejando atrás el retumbante alboroto provocado por la inquietud del gentío, y sentí, de pronto, que estaba en otra dimensión... En aquella estancia reinaba  la solemnidad del silencio y la pulcritud del orden en sentido figurado y en sentido protocolario.Había dos agentes de policía de pie, con el torso erguido y con la mirada perdida en las vistas que brindaba el ventanal de enfrente. Los observé de arriba a abajo... Llevaban dos armas cada uno, atadas a los muslos, situación estratégica si se precisa su uso inmediato a causa de alguna disputa o altercado repentino ... La posición jerárquica de los puestos pertenecientes a los integrantes del juicio, dista de ser parecida a esa organización americana, nada justa según mi parecer, aunque se le da cierto protagonismo al juez, y se denigra del mismo modo al acusado, exponiéndolo en el centro de la sala, a tiro de todas las fulminantes miradas, violentas preguntas despiadadas y sentencias silenciosas ... Sometido a una atroz lapidación verbal... Al fondo de aquella habitación, sumido y ensimismado por un mar de papeles, se encontraba el juez, que presidía la sala con gesto adusto y severo, sin prácticamente mostrar expresión alguna. Al verle, me fijé en las demás personas importantes e influyentes que, sin hablar, y entre folios y mares de tinta, se preparaban para emprender una controversia verbal que determinaría el destino de una persona. Todos vestían con la negra elegancia de la toga, por la que tan solo se distinguía el cuello de las blancas camisas perfectamente planchadas y el fino nudo de aquellas distinguidas corbatas de tono apagado. El silencio se hizo más firme y el juez, en tono grave e imponente dio comienzo al juicio, planteando el motivo del proceso judicial, exponiendo el caso, presentando a las partes y a los defensores de las mismas... Y todo ello expresado en el más cultivado, técnico e instruído  vocabulario jurídico. Me temblaban las piernas, y temía incluso por respirar demasiado fuerte… Pero cruzando las manos con fuerza, me dispuse a escuchar, detenida y pausadamente, aquella conflagración verbal. El testigo, que había presenciado aquel nefasto encuentro a altas horas de la madrugada, entró en la sala, fue cubierto por un biombo de madera maciza y se le hostigó con un centenar de preguntas acerca del conflicto contemplado. La voz de aquella mujer, inexorablemente, temblaba y la palabra ‘forcejeo’ fue repetida en reiteradas ocasiones, en un intento de luchar contra la inquietud, salir de allí y denostar al destino por haberla inmiscuído en aquella tesitura procesal. Aquella noche, una pareja adulta de unos cuarenta años, mantuvo un conflicto oral que culminó en la controversia física, acometiendo en daños y heridas superficiales provocadas por una fuerte agresión. Cuando terminó de dar su testimonio, un auxiliar la sacó  de allí, y aquel sujeto sin rostro pero con voz femenina abandonó el lugar, sumergida en una atmósfera imperante de nervios atronadores… El Ministerio Fiscal tuvo la palabra y expuso su portentosa y clara acusación, dando paso posteriormente al abogado de la víctima, que defendió la inocencia de la perjudicada poniendo como pretexto las lesiones físicas que evidentemente presentaba. Finalmente, tuvo la palabra el letrado de la parte opuesta que, expuso un interminable manifiesto de la inocencia del acusado, siendo interrumpido por la frialdad del juez, quien pretendía llamarle la atención al mencionar notas obvias y evidentes acerca de la jurisdicción española. Las recriminaciones y acusaciones del fiscal, las incriminaciones por parte del abogado de la lesionada y la defensa proclamada por el letrado del inculpado, convergieron en la sentencia dictada por el juez, quien condenó al procesado a una pena de un año y nueve meses de prisión con motivo de agresión y falta a la orden de alejamiento, además de penalizarle también con el pago de una cantidad pecuniaria de 420€ a la persona afectada.  El acusado, en un intento de saldar su pena, se levantó y allí de pie, esposado en medio de la sala, expuso una serie de lamentos con los que consiguió llenarme los ojos de lágrimas paradójicas. Ante la atenta mirada de los presentes y ante la indolente y apática actitud del juez, se le impuso la pena y fue condenado, sin más dilación, a la sentencia impuesta. El juez dio por concluida la sesión y los agentes de policía retiraron al preso por la puerta de atrás…

Salí de allí y el mundo me parecía de otro color… El aire incluso era más denso de lo normal.. La escena, a pesar de su brevedad, había sido sórdida y algunas de las actitudes que hilvanaron el proceso, me produjeron tremenda aversión, aunque análogamente, otras me transmitieron una fascinación admirable, destacando principalmente el talante y la docta amalgama de palabras de la acusación…Me seguían temblando las piernas y las manos que había cruzado al comienzo del juicio, desprendían un horrible sudor frío...
No sé si algún día seré capaz de adoptar esa indiferencia y actuar sin utilizar los sentimientos como único pilar que sustenta mis razones. No sé si conseguiré vaciar mi mente de connotaciones afectivas influyentes y limitarme a ejecutar condenas formulando sentencias a partir de las leyes dictadas por  el Código Penal y el Código Civil… No sé si seré capaz de desarrollar esto… Ni si podré librarme de llorar después de cada juicio… Pero será mi trabajo y el camino está empezado. Dudo que tener un buen expediente sea todo para enfriar la sangre y actuar sin miedo… Por eso temo. Temo no hacerlo bien. Y lo hago en silencio…

Esto es todo, Señoría.



5 comentarios:

  1. Te quiero mucho.

    PD: sal ya del baño!! jajaja

    ResponderEliminar
  2. Estas muy mona viendo a tu amor platónico en el sofá! jajajajaj. (L)

    ResponderEliminar
  3. Tranquila, porque tu si que podrás superar eso y más. Sabes que vas a ser la mejor. Y yo, estaré siempre aquí para ver como subes, y subes como la espuma. Serás la mejor. Seguro.

    ResponderEliminar
  4. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar

¡Gracias tu aportación!