domingo, 28 de agosto de 2011

Quítale voz...

...que hoy prefiero las canciones que no hablen del corazón.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Destino: El cielo.

Corría el año 1993 y por aquel entonces las margaritas comenzaban a nacer. Una tarde como otra cualquiera, el 4 de febrero de aquel frío invierno, a la hora de la merienda, un sangriento río de vida se deslizó entre las piernas de aquella mujer y unas horas después, a las ocho menos veinte de la noche, respiró por primera vez la persona que a partir de aquel momento se convertiría en la niña de tus ojos para siempre... Y lo fuí. Me convertí en un pequeño ser que aportó vida a aquella casa... El último ser en hacer honor al apellido Samper.
Dicen los entendidos que la memoria es capaz de almacenar recuerdos a partir de los tres años de edad... Es cierto, pero las fotos que tengo ahora mismo esparcidas encima de la mesa son recuerdos congelados que me traen a la mente sentimientos de cariño, de afecto sincero, de predilección insaciable... Sentimientos de puro amor. Son tus fotos. Apenas guardo en la memoria una leve y turbia imagen tuya, pero recuerdo perfectamente tu apariencia sublime, augusta y altamente señorial. En tu juventud, allá cuando todos nos enamoramos, siempre fuiste un hombre de naturaleza esbelta y estilizada, sin dejar por ello de poseer un torso enérgico, fuerte y vigoroso, en el que los años dibujaron a sus anchas cientos de surcos y arrugas, que te hicieron mucho más bello de lo que ya eras... Tu cabello blanco, peinado hacia atrás con perfecta pulcritud, dejaba al descubierto aquella frente que albergaba una formidable inteligencia.... Un intelecto realmente sobrecogedor. Recuerdo aquellos pantalones cortos, aquellos cinturones de piel perfectamente encajados en la cintura, aquel reloj en tu mano izquierda, aquella camisa desabrochada durante todo el verano y aquellas cuadradas y oscuras gafas... Me pregunto dónde estarán. Fuiste parte de mi vida y yo fuí tu corazón durante ocho años... Ocho años en los que me protegiste con tu vida y me enseñaste más de lo que yo era capaz de imaginar hasta hoy... Pero lo hacías todo en silencio, sin molestar, dejando tu huella fuertemente marcada con el más cauto sigilo. De esto ya hace mucho tiempo y son vagos los recuerdos que mi mente alberga...Pero aun así cuando recuerdo esos momentos, se me hiela la sangre y lo siento como si hubiese ocurrido ayer. Tengo aquí delante el carné de la escuela con el que venías a recogerme todas las tardes... Es un simple trozo de cartón rosa, tono pastel, con mi nombre grabado a máquina, el cuño del colegio y mi foto en blanco y negro, pero el simple hecho de tocarlo y olerlo me estremece. Tenía cuatro años... Solo cuatro años cuando salía a las cinco de la tarde por la puerta y te buscaba entre la multitud de padres que se agolpan en la entrada y mueven la cabeza de manera intermintente buscando a su hijo... Con el tiempo me acostumbré a no buscarte y mecánicamente dirigía la vista hacia el bancal de aquella casa. Siempre me esperabas allí sentado, fumando un cigarro de la marca Celtas...Yo catalogué aquella marca comercial como "el tabaco del home de la espasa" ... ¿Lo recuerdas? Al verte, tremendamente emocionada, salía corriendo, y te abrazaba como si me fuera la vida en ello, sintiendo aquel olor a sabiduría y protección... Volvíamos siempre a casa por el mismo camino, aquel al que nombramos La ruta del caracol y el olor diario a chocolate caliente se convirtió en parte del escenario. Sentías un amor tremendo por los animales y ambos nos acostumbramos a ver todas las tardes a las cinco y media, aquel documental que emitía el canal 2, sentados, codo con codo, mojando galletas en un gran vaso de leche y dejando volar nuestra mente hasta el corazón de África... Todas las tardes. Y aquel verano... No lo olvido... Te encantaba pasar el tiempo conmigo, haciéndome preguntas trascendentales con la intención de estudiar aquellas inocentes e ingenuas respuestas de niña pequeña y crearte un perfil sobre mi... Eras la persona que más me conocía y te limitabas a justificar todas y cada una de mis travesuras con una simple frase: "  La xiqueta es molt lista y es viva". Era viva, según tú, y es la palabra que mejor me define. Me enseñaste la importancia de muchas cosas, me transmitiste el valor, me mostraste la trascendencia del orden e intentaste inculcarme la paciencia, fracasando en ello ... Pero no te culpo, ni mucho menos... Al fin y al cabo recuerda que "soy viva".
Disfruté de ti durante tan solo ocho años de mi vida... Ocho años fugaces...Ocho años en los que no me di ni cuenta de que la vida pasaba, de que yo crecía pero tu empezabas a morir. Y finalmente te fuiste. Preparaste el equipaje y te marchaste aquel mes de enero, cerrando la puerta sigilosamente y sin decir adiós.
Han pasado diez años y jamás había sentido esto...No sé descifrar este sentimiento, pero ahora mismo albergo en mi interior una gran impotencia. Jamás había resurgido, pero siento la necesidad de hilvanar las palabras que se agolpan desesperadamente en mi mente y expresar el sentimiento que está apunto de hacer que estalle mi corazón.
¿Por qué te fuiste? Piénsalo y si me escuchas dime si realmente era necesario marcharse tan pronto... ¿Por qué te reclamaban en el cielo? Tal vez habían varias vacantes para ángeles y quién mejor que para ocupar ese lugar... No importa...Realmente no me importa el motivo de tu partida... Fue hace mucho tiempo. El problema es que ahora, diez años después de perderte, soy consciente del vacío que dejaste. He crecido y sé que me has visto...Sé que me ves. Sé que me escuchas y te sientas a mi lado cuando la desolación hace que me derrumbe... Pero te he necesitado... Te he necesitado mucho... Ahora soy consciente de ello. Crecí... Tomé la comunión... Me sentí sola...Me sentí querida... Me enamoré loca y dulcemente de aquel niño... La adolescencia y sus prejuicios se apoderaron de mi razón ... y quise correr...Correr muy lejos y perderme... Perderme y escuhar mi corazón...Solo mi corazón. Pero la razón volvió y la responsabilidad se convirtió en mi perfecto aliado... Vino la constancia... Luego el odioso e impecable perfeccionismo... Llegarón después los prejuicios más serios... Los llantos adolescentes injustificados... Los inútiles quebraderos de cabeza... La aceptación de los problemas y el hecho de asumirlos... La capacidad de esfuerzo y sacrificio... Las insaciables y poderosas ganas de luchar que alguien me brindó... Y finalmente llegué hasta aquí. ¿Me has visto? Sé que no tiene sentido que te cuente todo esto, ya que has estado a mi lado en todo momento... incluso mientras dormía. Pero aun así, últimamente, hay algo en mi interior que no me deja respirar... Te he necesitado... Y hoy, te necesito más que nunca... Ojalá pudieras verme... Me he matriculado en Derecho, carrera y profesión dignas de ser practicadas por individuos de mente tremendamente fría... Yo no soy así... Sabes que soy odiosamente sensible y me encantaría tener miles de conversaciones contigo, en nuestro más profundo valenciano... Esas conversaciones en las que dos de cada tres frases son proverbios o sentencias dictadas desde la más experimentada vida y desde el corazón de un abuelo que adora a su nieta... Te necesito.
Tiempo atrás, ya pasados los años, me costaba mucho ir a tu casa y pasar por esa habitación... Cada vez que entraba, una atmósfera imperante me envolvía y el ambiente se hacía sórdido... Estremecedor... Y te veía ahí, encima de la mesa... Dentro de un bote, rodeado por una cinta dorada, en la que grabaron tu fecha de nacimiento y aquel día de enero en el que suspiraste por última vez. Era tal la rabia, que no era capaz de pensar con coherencia y me asaltaban unas ganas atroces de lanzar el bote contra la pared, hacerlo mil pedazos y que aparecieses detrás de aquella nube gris de cenizas... Te hubiera amarrado para siempre, o al menos hasta que a mi me hubiese tocado marchar hacia el cielo...De este modo nos iríamos juntos...Al fin y al cabo, tú ya sabes el camino. Con el tiempo lo fui asimilando y la aceptación de la fugacidad de la vida y las ganas de volar me permitieron entrar en aquella sala, darte un beso y tras oler las flores frescas que te ponía la yaya todas las semanas, salir de allí, cerrando la puerta despacito, imaginándome que te dejaba allí durmiendo...Imaginándome que aún estabas vivo.
Hemos guardado tu recuerdo en nuestro corazón y nunca jamás te hemos olvidado, aunque alguno de nosotros, desde aquí, te haya roto el corazón. Una vez lo hizo él y rompió con aquel regalo que la yaya y tú le hicistéis hacía 38 años: Su propia vida. Él mismo la borró e hizo que se desvaneciese con la toxicidad de aquella nube de humo... Lo hizo dulcemente... Pero se fue contigo.  Abrázale de mi parte... Abrázale bien fuerte...durante unas horas, si es que ahí arriba existe el tiempo. Dile que tampoco le he olvidado... Dile que también vive conmigo.
Sé, que desde la ridícula condición de los terrestres, no estoy en disposición de pedir absolutamente nada... Aun así, quiero pedirte que sigas a mi lado como lo has hecho hasta hoy... Que sigas agarrándome la mano bien fuerte, tal y como haces en todas estas fotos... Que no dejes de abrazarme cuando lloro por las noches hasta quedarme dormida... Que me retires el pelo de la cara cuando deba enfrentarme a un problema... Que te pongas detrás de mi cuando me miro al espejo y me digas al oído que sigo siendo la teua princesa... Que cuando me hunda me recuerdes que sóc viva... Que cuando me caiga, me levantes y me limpies el polvo de las manos y las rodillas, como cuando me caía con la bicicleta... Que cuando llore me seques cada lágrima con tus pañuelos bordados de tela ... Que cuides del papá... Que protejas a mis tías... Que sigas adorando a la yaya como el primer día que la viste... Que me mires y sonrías ... Que me arropes por las noches y digas un “eres molt lista, xiqueta de los tuyos, cuando tenga un examen importante y el miedo consuma mis nervios... He pedido demasiado... Puede ser... Pero sé que cuando formabas parte de este mundo, hubieses dado la vida por mi y esto, comparado con aquello, no es nada.

Hoy he llorado por tí, después de diez años... De hecho lo estoy haciendo ahora... Las lágrimas impactan sobre mis piernas al tiempo que pulso las teclas de este ordenador y redacto una carta para ti.  Te había extrañado mucho, pero ahora, cuando la mayoría de edad y la madurez se apoderan de mi, siento un vacío tremendamente profundo... Ahora es cuando realmente te necesito.
No me abandones.
A pesar de todo, hay una llamita que sigue sin apagarse... Esa llama es la luz de tus ojos rasgados... Esa luz que me todavía me ilumina desde lo más alto... Desde las estrellas y, a pesar de que no te tengo cerca, y de que estás a un millón de kilómetros de aquí, me tranquiliza pensar que aquel apuesto hombre que se hizo llamar mi abuelo, me mantendrá por siempre, a salvo, en su más tierna gloria.


Te quiero, yayo.

martes, 23 de agosto de 2011

La luna.

Salgamos ahí fuera y tirémosle piedras a la luna, a ver si con suerte nos cae y la guardamos en la caja de galletas que hay encima del sofá. Guárdala. Dejaremos la noche a oscuras y todos creerán no estar viviendo. Excepto nosotros. Una vez la guarde, cerraré la caja, me sentaré encima y te comeré a besos como si mañana no fuésemos a despertar. A oscuras...Dibujaré ansiosamente con mis dedos la silueta de tu vigoroso y recio cuerpo. Te acariciaré el pelo y poco a poco, esos dulces roces se convertirán en feroces tirones impulsivos, propios de una justificada perturbación. La perturbación por tenerte delante...Me abalanzaré sobre ti y te susurraré al oído esas palabras que me dedicabas los viernes de madrugada. Te las recordaré y sin prejuicios ni reparos, nos envolveremos en una atmósfera jadeante, ultrajando el respeto a nuestros propios cuerpos y haciendo sudar a las pardes... Las gotas de sudor se deslizarán por el crital del marco de fotos de tus tíos de Jaén y morirán ahogadas las caléndulas del salón. Beberemos daiquiris de La Habanna, Absenta o Whisky escocés, sin obedecer a la abstemia programada en cada fin de año. Temblará todo y el cristal de la entrada se resquebrajará, colisionando contra el suelo al mismo tiempo que un sollozo varonil se apoderará del eco de toda la casa. Todos nos oirán, pero nadie será capaz de vernos...La luna estará en la caja... La noche estará a oscuras... La vida seguirá pasando ...y yo, seguiré con el deseo de no querer estar jamás a más de tres centímetros de ti, maniatándote y recluyéndote por siempre entre mis piernas, mientras me sujetas con fuerza el rostro y me recuerdas que aunque capturemos la luna y creemos la oscuridad, solo cuando tu luz interior se apague, deje de sonar el 'tic-tac' del reloj y abandones este mundo, te separarás de mí. Hasta ese momento, con la luna recluída, seguiré amándote a oscuras, bajo las sábanas, todas las tardes de mi vida.

domingo, 21 de agosto de 2011

Rodoreda

... I sempre els recomanava que, si moria i la vestien elles, no li posaren sabates, perquè si era veritat que els morts tornen al món, volia tornar-hi sense que la sentiren i sense molestar ningú.

jueves, 4 de agosto de 2011

Por ahora, pseudomomentos.

... y ojalá mañana no amanezca hasta las doce.

martes, 2 de agosto de 2011

Nostalgia injustificada.

Si al despertar no he soñado contigo, me lo invento y sigo adelante... Solo pensar, en tumbarme en tu ombligo, me hace ser testigo de el calor cosido a nuestra piel... Enterrarnos en la cama, que mañana no amanezca hasta las doce, que nos destrocen los latidos y que, sin más, las ganas se disuelvan en el roce de tu cuerpo contra el mío...