martes, 12 de julio de 2011

Porque esto lo escribí por ti, aunque no lo sepas.

Llevaba diez minutos mirando aquella grieta del techo…no se podía mover…Las imágenes de la noche se le aparecían en cada parpadeo y cada una de ellas traía consigo un cargo de conciencia. La tarde pasada… Si, se arrepentía de haber salido del curro, haber cogido el coche y movido por las ingenuas persuasiones de sus amigos haberse maqueado y haber salido hacia aquella discoteca. Imágenes, imágenes le venían a la memoria y no había ninguna que no fuese repugnante. Lo último que recordaba era el sabor agrio y desagradable de aquella pastilla azul. ¿Por qué? ¿Por qué lo hizo? Ni siquiera él mismo sabía la respuesta. A partir de ese momento, cuando cerraba los ojos, solo veía luces, muchas luces y el parpadeo del neón de aquel tubo fluorescente. Los rostros de sus amigos ebrios y totalmente descontrolados…aquellas chicas tan dulces que él creía inocentes, en su total apogeo y jolgorio. Descontrol, alcohol, drogas, el sonido de inhalaciones en el eco de los lavabos, envoltorios de profilácticos por los suelos, los sollozos de mujer en aquellos baños, y la vida pasando por detrás. Recordaba haber actuado mal, haberse aprovechado del fruto de la droga… Recordaba el humo y el olor a maría que aún permanecía impregnado en su camisa…Las manchas de alcohol…La juerga, el sexo, la tentación… Y arrepentimiento por haber salido aquella noche. Como pudo se levantó, apoyándose en aquella añosa mesa. Arrastrando los pies, llegó hasta el espejo de la entrada y se observó. … y siguió observándose… Era lamentable. Tenía el cabello completamente deshecho, los ojos rojos, los labios brutalmente manchados de carmín y un pequeño rasguño en la ceja derecha… Llevaba puesta su camisa favorita, aquella que su hermano le había regalado en el viaje a Ámsterdam..si, puesta, pero abierta, sin botones y completamente destrozada. Sin poder apenas andar y coordinar el ritmo de los pies, salió al balcón. En el parque de abajo los niños jugaban y cada carcajada hacía un profundo hueco en lo más profundo de su ser. Él no era feliz. Y aquellas parejas que compartían miradas odiosamente dulces y aquel olor a chocolate caliente de los domingos… Se giró, miró hacia el calendario… 25 de octubre, Domingo. Él no tenía a nadie a quien rendir cuentas, a nadie a quien llamar para cenar, a nadie a quien decir “ya estoy en casa” ..a nadie, a nadie que no fuese su madre y sus colegas, que borrachos como él, ese día no se levantarían hasta las seis. Su vida era interesante, si, más que nada por la intriga de saber cómo terminaría. No tenía expectativas, deseos inquietudes ni ambiciones…Nada tenía ya arreglo. Sus veinte años eran ya tardíos para él y seguiría, si, seguiría, a pesar de su voluntad, marchando de fiesta con aquellos que aparentaban ser sus amigos, solo para sumir en aquellos lúgubres ambientes la más profunda de sus agonías. ¿Qué quedaba por hacer? Nada. ¿Intentar remediar su vida? No. Simplemente esperar … esperar… vivir y “disfrutar” hasta que un día el tiempo decidiese detenerse. Ese día, desde otra dimensión, se preguntaría si aprovechó bien la vida que le habían regalado. Hasta entonces, no había más…solo alcohol, sexo, descontrol, peleas, deudas, cargos de conciencia, y a seguir.
Cuida de tu gente.

1 comentario:

¡Gracias tu aportación!